El Doctor Velasco

El doctor don Pedro González de Velasco, nació en un pequeño pueblo muy cercano a Segovia llamado Valseca de Boones (en la actualidad Valseca), un veintitres de octubre de mil ochocientos quince. Sus progenitores fueron humildes labradores, como la mayor parte de los habitantes del pueblo. Desde pequeño se vio obligado a asistir a su familia, trabajando en una porqueriza. Marchó muy joven a Segovia, donde, efectuando todo género de trabajos, logró aprender algo de latín y de filosofía, y sirvió asimismo como soldado. A la muerte de sus progenitores, decide trasladarse a la capital de España. Tras 3 años de estudio intensivo, consigue el título de practicante y 5 años después consigue el de cirujano. Ya era bachiller por oposición en la Capacitad de Medicina y después, con la nota de sobresaliente en todos y cada uno de los cursos ganó el titulo de Diplomado. Conquistó la borla de doctor poco después. Todo ello mientras que efectuaba los más duros trabajos. Recibió la Cátedra de Operaciones de la Capacitad de Medicina. Gran trabajador, pronto la suerte le sonrió y empezó a hacer dinero abudantemente que dedicó ampliar sus estudios y a viajar, como a coleccionar piezas de antropología o bien etnografía, sin olvidar las antigüedades. Tal llego a ser su compilación que decidió edificar un espléndido palacio, como templo del saber. Así en mil ochocientos setenta y tres, se edificó un edificio proyectado por Francisco de Cubas, en estilo neoclásico y situado en las cercanías del Observatorio y de la Capacitad de Medicina de San Carlos, en frente de la recién estrenada estación del Tren de Atocha. El proyecto original presentaba una testera con un pórtico de columnas jónicas, que se remataba por un frontón recto. Desde el pórtico se accedía a 2 extensas salas alumbradas por una cubierta a 4 aguas de hierro y cristal. Se inauguró la construcción el veintitres de abril de mil ochocientos setenta y cinco con la presencia del rey Alfonso XII. Se trataba del “Museo Anatómico”, si bien popularmente se le va a conocer como Museo Antropológico. A la muerte de su dueño, la construcción y su esencial compilación fueron cedidos al Estado, que destinó los fondos a las diferentes secciones dependientes del Museo de Ciencias Naturales. Esta es la historia de un enorme hombre, que fue reconocido y admirado por sus contemporáneos, por su anhelo de trabajo y por su amor al conocimiento.

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